ENDE TYMES VI

Desde los tiempos en que Russolo y sus amigos futuristas descubrieron el poder creativo del sonido libérrimo sin patrones armónicos pitagóricos mucho ha sido el camino investigador recorrido por los aventureros de las ondas más caóticas y apocalípticas. Porque sí, hay algo de apocalíptico en los carteles y convocatorias de Bob Bellerue, que ha asumido el testigo de esa aventura de libre creación y escultura del sonido (ruido llaman algunos) y que pelea cada año por poner en pie este curioso festival desde los intestinos de Williamsburg. Pero es un apocalipsis con aire de familia, apocalipsis integrado (valga la contradicción) en un encuentro de amigos que esculpen, casi a cincel, atmósferas sonoras en el fondo de un oscuro pozo primaveral.

Entre actuación y actuación, protegidos los tímpanos -o no- los miembros de esta sociedad de amigos de las ondas irregulares, salen a ver la luna, a fumar y a discutir sobre digitalismo, analogismo y distorsión. Amables tertulias al olor de la albahaca (hay algo de albahaca plantada en los pequeños jardines). Pero que cuando llega la hora de entrar a experimentar una actuación (no solo es escucha y movimiento: la vibración invade los sentidos y la piel sudorosa en medio de penumbras liberadoras) se introducen religiosamente en el útero sonoro que generan vatios desmelenados y ondas en alocado desboque.

Actuaciones de veinte minutos en estricto orden que comparten mesas, enchufes, etapas de potencia y poderosos amplificadores que cumplen a la perfección la función de construir un espacio sonoro inédito.

Hemos creído atisbar en las actuaciones ciertos patrones sonoros que dominan en la actualidad la investigación ruidista: poderosos graves en forma de sólidos muros, como de interminable trueno nocturno, intentos de integrar la tecnología digital junto a la exploración de los más tradicionales modos de exprimir la electricidad más elemental para retorcer las distorsiones, micrófonos de mano que permiten dibujar los sonidos, y poderosas interacciones físicas como la de Joke Lanz, por ejemplo, que en una impactante actuación restriega el micrófono por su cuerpo y recita poderosos mantras que se funden en loops interminables con la marea de ondas en percusión que crece e invade el ambiente hasta casi dejarnos sin respiración.

A destacar también, por ejemplo, la interpretación al saxo y al cello respectivamente de Don y Camille Dietrich: sobre una base de distorsiones infernales creadas por la delicadeza aparente del cello, aparece el poderoso y viril saxo que dibuja con trazo firme, pero discontinuo y salvaje, la pesadilla del acople poderoso y la interrogación sobre lo que hay más allá del jazz y las escalas.

O Jeff Carey, que traslada a un “joystick” y a una mesa, donde están fijados sus aparatos, los movimientos espasmódicos del punk más audaz esculpiendo muros de hormigón sonoro mientras mueve su cabeza en afirmaciones y negaciones que responden al ritmo irracional del capricho de las ondas. Recordamos en esta ocasión cómo algunos viandantes se asomaban por una puerta de cristal al fondo del escenario intentando comprender qué es lo que pasaba en la oscuridad del local, porque solo oían el ruido apocalíptico que dibujaba en el aire Jeff. Era curioso comprobar el poder de atracción del ruido gratuito, de la vibración salvaje a esas horas del atardecer. Muchos sonreían y algunos, estoy seguro, acababan por entrar en THe SIlent Barn y unirse a la orgía sonora.

Y no olvidamos otras aproximaciones como la de Lea Bertucci y Ed Bear, investigando sobre la propia voz; o Valerie Martino, con patrones más rítmicos.

Y también al propio Bob, que no ceja en su empeño de buscar nuevas sonoridades e invenciones varias para conseguirlas. Esta vez con el esqueleto de un piano, proveniente de su disco Damned piano de 2015. Como un hábil carnicero, Bob introduce micrófonos entre las tripas del piano. Para Bob, en la creación de la pieza no importa tanto el producto final como el proceso y en ese proceso la improvisación y la búsqueda sin final son esenciales.

Apocalípticos, épicos, góticos, ciberpunks o no, la familia del ruido que ha creado Bob en Nueva York celebra cada año una curiosa ceremonia presidida por la amistad, y la búsqueda de nuevas fronteras de la creatividad, lo que, desde nuestra página saludamos con alegría y esperanza. Esperanza especialmente de que Bob encuentre fuerzas y medios para continuar en la empresa cada año. Desde aquí nos atrevemos a apostar por ello y desearle lo mejor.

 

 

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Joke Lanz Housefire
Valerie Martino PCRV
Aki Onda Sharkiface
Rudolf Eb.er Wetware
Sissy SpacekHive Mind
Spiteful WombBlankets
Bob BellerueTRNSGNDR/VHS
Andy OrtmannH.O.M.
Hyena Hive atJeff Carey
Jason LescalleetBromp Treb + Offal
Schimpfluch GruppeRetribution Body
Lea Bertucci & Ed BearLacanthrope
PúblicaJulia Santoli
Heat IdentityTelecult Powers
+Dog+Newton
KILTDeath Convention Singers
SICKNESSMuyassar Kurdi
Don & Camille DietrichBigawatt

 

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Jose Callen

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